El carácter es algo que se forma desde que somos niños y es obvio que es un proceso continuo que se extiende a lo largo de nuestra vida, preparándonos para lo que viene. El ejercicio físico es una actividad fundamental que nos ayuda a formar y fortalecer nuestro carácter a diario, con la ventaja de que lo hacemos por placer.
Normalmente vamos al gym por nuestra propia voluntad, ya sea porque buscamos mejorar nuestro cuerpo, superar metas deportivas o personales, descargar esa mala energía que acumulamos en el día a día o solo porque socializamos y nos divertimos con amigos o amigas.
Sin embargo, ir al gimnasio siempre supone una secuencia periódica, un plan de ejercicios, un esfuerzo para alcanzar un objetivo. Aunque lo hagamos por pura satisfacción, lo cierto es que llegamos al gym para ponernos a disposición de un programa diseñado, que debemos seguir para conseguir los resultados que buscamos.
Así, en el gimnasio trabajamos actitudes y valores fundamentales que forman nuestro carácter: voluntad, compromiso, dedicación, entrega, paciencia, persistencia, disciplina. Respetamos un horario, armamos un plan y establecemos una meta, nos ponemos firmes cuando el ejercicio pide más a nuestros músculos, cumplimos un pacto que hicimos con nosotros mismos al llegar allí.
Al final, además de entrenar nuestro cuerpo, terminamos entrenando nuestro carácter cada vez que ejercitamos y eso nos hace volver a nuestros desafíos diarios mucho más fuertes, concentrados, planificando y dispuestos a resistir, avanzar y alcanzar la meta porque ese ejercicio ya lo hemos transformado en un hábito
